Hoy se cumplen 60 años del Tratado de
Roma, precedente de la Unión Europea. En los medios de comunicación oirás, como
es habitual, loas a la Unión Europea y a la necesidad de su sostenimiento
frente al peligro de los “populismos”. También se mencionará desde los grandes
medios de comunicación y dirigentes políticos que debemos retomar los valores
sobre los que pivota la unión. O que la gestión de la llegada de personas
refugiadas huyendo de las guerras y la miseria no es propia de un ente
solidario como la Unión Europea. Lo que es cierto, sin embargo, es que la UE ha
sido desde sus inicios, es y será un instrumento para las élites, es decir, los
grandes empresarios y banqueros, que han visto en el mercado común un modo de
concentrar e incrementar sus ganancias, a costa del empobrecimiento de la clase
trabajadora y el conjunto del pueblo.
La introducción del euro en nuestro país supuso una subida de
precios y pérdida de poder adquisitivo de la clase trabajadora. Asimismo es la
UE quien desde el inicio de la crisis impone los sucesivos recortes llevados a
cabo por los gobiernos del PSOE y el PP. También es la integración europea la
causante del deterioro de nuestra agricultura, ganadería y del empobrecimiento
de los pequeños productores. Y también le debemos a los organismos europeos la
introducción del Plan Bolonia, que ha profundizado el proceso elitizador y
mercantilizador de la Universidad, poniendo esta al servicio de las empresas.
Ante esta situación no podemos dejar que sea la ultraderecha
quien capitalice el descontento popular contra las instituciones europeas.
Debemos ser las fuerzas del campo popular, y no los fascistas, quienes
lideremos la lucha por la soberanía y por la recuperación de sectores
estratégicos para el pueblo. En ese sentido, no queremos salirnos del euro y la
UE para volver a la peseta sin que se vea alterada la estructura de poder de
nuestro país. La salida de la UE es un paso necesario en el camino de la
construcción de la soberanía popular y el Socialismo. De igual modo, no estamos
contra Europa, pero constatamos que ahora mismo cualquier unión entre países
que no esté liderada por la clase trabajadora únicamente servirá para el mayor
beneficio de los monopolios europeos.
Por todo ello, desde la Juventud y el Partido Comunista hacemos un
llamamiento a la juventud para que se rebele contra la Unión Europea y con el
resto de la clase trabajadora luchemos por un futuro de soberanía y dignidad, y
en definitiva por una sociedad que esté al servicio de la mayoría trabajadora y
no contra ella.