La unidad termoeléctrica contaba con 1000 MW de potencia y puso fin a su actividad cuando la empresa propietaria, nacida en la propia Ponferrada, tomó la decisión de no acometer las reformas necesarias para asegurar la continuidad de la planta en conformidad con la normativa europea, solicitando el cierre al Gobierno en 2018 y desconectándose de la red en junio de 2020. Al menos 200 empleos directos y miles de indirectos quedaron en el aire a la espera de nuevas inversiones proyectadas y que siguen pendientes.
Se acaba en Compostilla
un largo periplo de cierres de minas, de chantajes, de fondos malogrados y de
una intensa lucha por mantener el empleo o, al menos, perderlo con dignidad. Al
futuro incierto de la comarca se suma el progresivo abandono de los pueblos,
creando un ambiente inquietante en el que destaca la soledad a la que han
estado sometidos quienes se han enfrentado a empresarios y gobiernos desde los
años 80.
Con la central
desmantelada al 90 %d y la totalidad de las minas cerradas desde 2018, el
diputado de VOX, José María Figaredo y su candidato a la Junta de Castilla y
León, Carlos Pollán, se presentaron en la demolición de Compostilla acusando
"al fanatismo climático" como responsable de la voladura mientras
señalaban la necesidad de evitar el derribo para finalizar prometiendo
"reconstruir todo" cuando lleguen al Gobierno. Huelga decir que entre
sus declaraciones no dirigieron ninguna crítica hacia empresarios regados como
miles de millones de fondos destinados a la reactivación de las comarcas
mineras y, obviamente, tampoco preguntaron por los trabajadores afectados por
el cierre. Al contrario, su paseo al Bierzo acabó en un besamanos con los
directivos de una empresa agraciada recientemente con una generosa subvención
del gobierno central.
Cabe preguntarse si los
candidatos de VOX, cuya apuesta por la inversión pública niegan en todos los
sectores, estaban en realidad comprometiéndose en este caso a inversiones de
miles de millones de euros para reabrir el carbón. No parece que esto vaya a
ser así por la parte del espectro político qué calificó a la minería de
chiringuito y a los mineros de privilegiados, cuando las intensas luchas
advertían de lo que está pasando hoy. Muestra de ello es que ni Figaredo ni
Pollán pisaron El Bierzo ni apoyaron las demandas de los trabajadores cuando la
central estaba en pie y las minas abiertas, unos tiempos en los que sí que se
podía salvar al sector o al menos buscar una salida ordenada.
Más lamentable aún si
se tiene en cuenta que fue la firma de Gonzalo Santoja (Consejero de Cultura de
VOX en la Junta de Castilla y León) quién autorizó la demolición de
Compostilla. Poco se puede esperar de un impresentable como Figaredo, que tras
un aspecto de torero con estudios de universidad privada esconde la última
pieza de un linaje de empresarios mineros, dueños de Minas de Figaredo y, a su
vez, sobrino del delincuente Rodrigo Rato. La familia Figaredo llegó a dejar a
1600 mineros en la calle cuando estos trataban de negociar un nuevo Convenio
Colectivo en un contexto conflictivo derivado del aumento de beneficios
empresariales por la crisis del petróleo. Las jornadas de huelga terminaron
cuando los obreros retuvieron al abuelo del diputado. Destacable cuanto menos
que hoy el último vástago de la saga se autoproponga a reconstruir el sector
cuyo cierre precipitaron.
Poca diferencia entre
la moral de este individuo y su acompañante en el paripé, el berciano Miguel
Suárez Arca, ahora ex procurador de VOX en las Cortes de Castilla y León, quien
en medio del derribo protagonizó una escena tan triste como ficticia, en la que
ponía su hombro para que una mujer que lloraba sin soltar una lágrima, fuera inmortalizada
ante las cámaras. Subiendo el procurador la instantánea a sus redes sociales,
demostrando que por encima de la pena está el marketing. Y es que Suárez Arca,
apodado Tupé cuando era el malote del barrio, entró a la política de la mano
del PP, cuando estos, con el ministro José Manuel Soria al frente, se disponían
a dar carpetazo a la minería, incumpliendo el Plan del Carbón y precipitando el
cierre antes de lo previsto.
Lo que para El Bierzo
es una desgracia, queda reducido a patéticas escenas para TikTok virales,
protagonizados por personajes que de una manera u otra han ignorado,
favorecido, apoyado o incluso celebrado el cierre del sector. En su libro La
Sociedad del Espectáculo, Guy Debord teoriza que la realidad se plantea como
una acumulación de espectáculos y da una aproximación a nuestra escena:
"Los personajes admirados son bien conocidos por no ser lo que son. Se han
convertido en grandes hombres a fuerza de descender por debajo del umbral de la
más mínima vida intelectual, y ellos lo saben".
