lunes, 23 de marzo de 2026

Figaredo y los 1000 kilos de dinamita

El 12 de febrero una tonelada de dinamita voló las chimeneas de la central térmica de Compostilla II, desapareciendo además del símbolo de un pasado industrial un punto de alivio para quienes al volver del exilio laboral podían decir que se había llegado a casa según atisbaban las dos figuras sobresaliendo del fondo de la hoya berciana.

La unidad termoeléctrica contaba con 1000 MW de potencia y puso fin a su actividad cuando la empresa propietaria, nacida en la propia Ponferrada, tomó la decisión de no acometer las reformas necesarias para asegurar la continuidad de la planta en conformidad con la normativa europea, solicitando el cierre al Gobierno en 2018 y desconectándose de la red en junio de 2020. Al menos 200 empleos directos y miles de indirectos quedaron en el aire a la espera de nuevas inversiones proyectadas y que siguen pendientes.

Se acaba en Compostilla un largo periplo de cierres de minas, de chantajes, de fondos malogrados y de una intensa lucha por mantener el empleo o, al menos, perderlo con dignidad. Al futuro incierto de la comarca se suma el progresivo abandono de los pueblos, creando un ambiente inquietante en el que destaca la soledad a la que han estado sometidos quienes se han enfrentado a empresarios y gobiernos desde los años 80.

Con la central desmantelada al 90 %d y la totalidad de las minas cerradas desde 2018, el diputado de VOX, José María Figaredo y su candidato a la Junta de Castilla y León, Carlos Pollán, se presentaron en la demolición de Compostilla acusando "al fanatismo climático" como responsable de la voladura mientras señalaban la necesidad de evitar el derribo para finalizar prometiendo "reconstruir todo" cuando lleguen al Gobierno. Huelga decir que entre sus declaraciones no dirigieron ninguna crítica hacia empresarios regados como miles de millones de fondos destinados a la reactivación de las comarcas mineras y, obviamente, tampoco preguntaron por los trabajadores afectados por el cierre. Al contrario, su paseo al Bierzo acabó en un besamanos con los directivos de una empresa agraciada recientemente con una generosa subvención del gobierno central.

Cabe preguntarse si los candidatos de VOX, cuya apuesta por la inversión pública niegan en todos los sectores, estaban en realidad comprometiéndose en este caso a inversiones de miles de millones de euros para reabrir el carbón. No parece que esto vaya a ser así por la parte del espectro político qué calificó a la minería de chiringuito y a los mineros de privilegiados, cuando las intensas luchas advertían de lo que está pasando hoy. Muestra de ello es que ni Figaredo ni Pollán pisaron El Bierzo ni apoyaron las demandas de los trabajadores cuando la central estaba en pie y las minas abiertas, unos tiempos en los que sí que se podía salvar al sector o al menos buscar una salida ordenada.

Más lamentable aún si se tiene en cuenta que fue la firma de Gonzalo Santoja (Consejero de Cultura de VOX en la Junta de Castilla y León) quién autorizó la demolición de Compostilla. Poco se puede esperar de un impresentable como Figaredo, que tras un aspecto de torero con estudios de universidad privada esconde la última pieza de un linaje de empresarios mineros, dueños de Minas de Figaredo y, a su vez, sobrino del delincuente Rodrigo Rato. La familia Figaredo llegó a dejar a 1600 mineros en la calle cuando estos trataban de negociar un nuevo Convenio Colectivo en un contexto conflictivo derivado del aumento de beneficios empresariales por la crisis del petróleo. Las jornadas de huelga terminaron cuando los obreros retuvieron al abuelo del diputado. Destacable cuanto menos que hoy el último vástago de la saga se autoproponga a reconstruir el sector cuyo cierre precipitaron.

Poca diferencia entre la moral de este individuo y su acompañante en el paripé, el berciano Miguel Suárez Arca, ahora ex procurador de VOX en las Cortes de Castilla y León, quien en medio del derribo protagonizó una escena tan triste como ficticia, en la que ponía su hombro para que una mujer que lloraba sin soltar una lágrima, fuera inmortalizada ante las cámaras. Subiendo el procurador la instantánea a sus redes sociales, demostrando que por encima de la pena está el marketing. Y es que Suárez Arca, apodado Tupé cuando era el malote del barrio, entró a la política de la mano del PP, cuando estos, con el ministro José Manuel Soria al frente, se disponían a dar carpetazo a la minería, incumpliendo el Plan del Carbón y precipitando el cierre antes de lo previsto.

Lo que para El Bierzo es una desgracia, queda reducido a patéticas escenas para TikTok virales, protagonizados por personajes que de una manera u otra han ignorado, favorecido, apoyado o incluso celebrado el cierre del sector. En su libro La Sociedad del Espectáculo, Guy Debord teoriza que la realidad se plantea como una acumulación de espectáculos y da una aproximación a nuestra escena: "Los personajes admirados son bien conocidos por no ser lo que son. Se han convertido en grandes hombres a fuerza de descender por debajo del umbral de la más mínima vida intelectual, y ellos lo saben".