El desembarco de autoridades en El Bierzo se saldó con un tradicional cruce de acusaciones competenciales entre el PP y el PSOE, que ejercieron el papel de acusación o defensa según la institución en la que ostentan el cargo. Entre los aburridos discursos destacó la división de opiniones sobre la Junta, defendida a capa y espada por el PP, que tuvo cuajo de reivindicar "las inversiones" en la Comarca mientras en Toreno, Vega de Espinareda o Dehesas ha habido movilizaciones frente a sus intenciones de supresión y unificación de aulas y en Priaranza y Carucedo se preparaba un plante ante las aulas por la falta de recursos.
Mención aparte merece la sanidad berciana deplorable por los cuatro costados con un centro de especialidades que no llega, falta de profesionales y unas infraestructuras propias de otro siglo. Escasa respuesta se dio desde el PSOE a tal infamia, siendo el discurso del presidente del Consejo Comarcal una cuasi disculpa por la falta de ejecución de los compromisos del Gobierno central. En Coalición por El Bierzo, normalmente afiliados al chovinismo regional, tampoco asomaron demasiado la pata en un día tan significativo para la Comarca, sabedores de que la mayoría de los compromisos acordados con la Junta a cambio del gobierno municipal de Ponferrada han quedado desterrados a menos de un año de las próximas elecciones municipales.
Se nos revela aquí un pacto tácito entre los partidos
del Régimen, que ya no necesitan una alternancia en el poder, pues ya se
alternan en las instituciones. Cualquier rastro de oposición y crítica se torna
en mera reivindicación, pero siempre cómoda y lo suficientemente desafilada
para evitar la respuesta del adversario político. Este pacto de caballeros
aflora sutilmente desde el mirador de la Basílica de la Encina, con una
inversión millonaria pero con taquilla privada que ha contado con el visto
bueno de varias administraciones que involucran a los partidos del sistema.
Las socorridas reivindicaciones de los políticos
locales tampoco suponen nada fuera de lo políticamente esperable. Pasarán los
años y las peticiones cambiarán de destinatario pero no pasarán de meras
reclamaciones para exigir unas infraestructuras convencionales capaces de dar
un servicio vulgar a los ciudadanos.
El Bierzo ha configurado un nuevo tipo de gestor:
políticos grises de perfil bajo y discurso enlatado incapaces de imaginar otro
Bierzo, que no solo resista las inclemencias del capital, sino que pueda crecer
y hacer valer su potencial. ¿Podríamos con estos seres convertir El Bierzo en
algo ya inventado como un punto agroalimentario estratégico, al estilo navarro
o siquiera vislumbrar nuestra comarca como un futuro polo industrial? La
respuesta parece ya escrita.
Frente a la alternancia, alternativa.